Excoherencias
Voy a llorar despacio, lentamente, sintiendo cada una de las lágrimas forjarse en mi interior.
Voy a sentir tu daga, penetrando suavemente, sin desgarros, seccionando cada fibra de mi piel, ajustándose perfectamente a mi dolor, como si dos fuésemos uno, como si siempre hubiera habido un hueco de metal en que alojarse.
Voy a extender mi angustia por el suelo, para mirarla en su inmensidad, que resulta pequeña y absurda, en la que bailaré con pies descalzos, en la que me desplomaré cuando me hieras.
Voy a susurrarte al oido mi deseo, sutil, para secarme de amor por ti, para mojarte de risa y esperanza.
Voy a guardar mi frío, el azul de mis dedos cuando acarician los labios con los que no te beso.
Y tú no vendrás para arroparme.
Y no estarás cuando te busque.
Y serás amor sin recovecos.
Y te volverás risa sin aliento.
Y todo estará bien.
O mal.
Voy a soñar que me despierto, que nunca te di alas, que ya las poseías.
Voy a despertar mientras me cuento que jamás te enseñé a empuñar un arma que no necesitabas.
Voy a olvidarme de que olvido cuánto amor me das al despertarme.

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