Reflejos
Ese líquido denso y brillante impide separar definitivamente ambas partes.
A veces oculta una mitad, y la otra emerge con ímpetu, segura y orgullosa, exhibiéndose, marcando su territorio, exultante, acotando sueños y arañando una cruz sobre el pecho de cualquiera que se atreva a observarla. Parece engrandecerse, emitiendo destellos cegadores, y se impulsa hacia arriba hundiendo más y más en las sombras su gemela.
Pero queda ella, sumergida en la distancia, tejiendo hilos infinitos, extendiendo redes bajo el suelo de miradas curiosas y atrevidas. Empequeñeciendo aquella silueta que se va desfigurando en la distancia. Sonríe en la oscuridad, y un ligero brillo de cínica compasión atraviesa el fluido inerte que las distingue, como una aguja aséptica, punzante, quirúrgica. Con la seguridad del que nunca necesitó estar allí para saberse.
Ambas autosuficientes, alimentando fantasías de poder.... Unidas por un espejo licuoso que refleja únicamente lo que quieren ver, un reflejo que jamás podrá separarlas.
Dos que lloran en silencio al verse, de pronto, envueltas en oscuridad, sorprendidas a plena luz, mezclándose en grises, lágrimas que tratan de cauterizar heridas descubiertas al despertar en el líquido elemento y que sólo consiguen reabrirlas.
Dos reflejos mienten.
Uno se muestra feliz.
El otro, lo es.

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