jueves, agosto 24, 2006

Mirada fuerte

Calentábase por el sol a media tarde, tumbada en la hierba, respirando profundamente, inundándose de luz.

Oía lejano el crepitar de un fuego, y levantó la vista cubriéndose los ojos con su mano izquierda, proporcionándose la sombra necesaria para aunar sonido e imagen.

Y lo vió.

En mitad del atardecer brillaba con una luz especialmente dorada, que se iba mezclando con los claroscuros de los árboles que había alrededor.

Se incorporó un poco más, soñolienta, y trató de prestar más atención a lo que veía.

En torno a una hoguera, había una figura que danzaba suavemente, mecida por el calor de las llamas. Una figura voluble, que aparecía y desaparecía mimetizándose con las espirales de humo de aquel fuego majestuoso.

Sin ser consciente, se levantó y con paso torpe se fué acercando a aquella silueta que parecía bailar para ella.

Estaba tan sólo a unos pasos, y sin embargo, cada vez resultaba menos nítida, así que se sentó sobre las hojas secas que había en el suelo y esperó pacientemente.

Aquel halo de luz y sombras se fué haciendo corpóreo, hasta convertirse en una mujer, que la miraba directamente a los ojos, desafiándola como si de un felino se tratase.

- Tengo miedo -pronunció en un susurro casi imperceptible- pero nada deseo más en este instante que fundirme en su mirada.

- Sabes que puedes morir en el intento...

- Lo sé, pero este deseo se empieza a convertir en una necesidad, necesito vivirte.

- Ven, acércate, baila conmigo...

De un brinco, se puso en pie y sin pensarlo siquiera se lanzó a los brazos de aquellos ojos de mirada fuerte.

Su etérea figura se deshizo y ella cayó irremediablemente al fuego.

Entre las llamas, danzaban sus fantasías, sus ilusiones, sus penas y sus alegrías, su rabia, su agonía, su manto protector... y salió.

Ave fénix la llamaban, resurgiendo de sus cenizas, sí, sería como un ave fénix, y ahora sería libre, para danzar toda una vida en torno al fuego de sus propias inquietudes.

Libre para mirar con mirada fuerte cómo se quiebra la vida de aquel que no sabe vivirla.

Libre para fundirse en el fuego, de esa, su propia mirada fuerte.