domingo, enero 21, 2007

Cinco cosas que probablemente no sabes de mí

Soy una verdadera maniática de los olores, me pueden, me cautivan, me ponen enferma, me enamoran, me sublevan, me apasionan... generan casi tantos estados de ánimo diferentes en mí como la música. Me resulta mucho más fácil recordar a una persona por su olor que por su cara, y me dice mucho de ella.

Puedo pasarme horas tocando mis labios, me encanta hacerlo, es un gesto que suelo hacer cuando estoy nerviosa y trato de relajarme... y la mayoría de las veces ni siquiera soy consciente de ello. Profundizando un poco más, diré que creo que son recuerdos de cuando de pequeña me chupaba el pulgar de la mano derecha... tuve que aprender a dejar de hacerlo, a cambio, suplí una adicción por otra un poco más... "discreta".

Los medicamentos y yo tenemos una relación muy cultural. Soy incapaz de tomar cualquier medicamento sin antes haber leido minuciosamente todas y cada una de las líneas, puntos, comas y logos del prospecto. Al final, no recuerdo nada de lo leido, pero siempre he de leer antes de usar.

Le tengo auténtica fobia a las agujas, puedo ver cómo destripan a alguien, cómo le cortan en pedacitos, cómo le arrancan la piel a tiras (jajajaja, gore eh?) pero no soporto ver pinchar a alguien, especialmente si ese alguien soy yo misma.

Tengo cierta “habilidad” con los sueños. El 90% de las veces, cuando me meto en la cama, puedo crear el inicio de un sueño (al menos, eso es lo que recuerdo al despertar). Curiosamente, sé que es un sueño antes, durante y después de soñar. Esta habilidad me resultaba especialmente útil cuando de pequeña tenía pesadillas, si había miedo, automáticamente cambiaba alguna parte del sueño y asunto resuelto!.

Petición de exferno satisfecha, pero lo de encadenar blogs... paso de cadenas, bastante tengo con las que tengo.

sábado, enero 20, 2007

Lluvia de sueños

Todo se vuelve del revés cuando creías que estaba al fin en su lugar.

Se me escapan los sentidos, los pulsos de razón me abandonan, y el frío de una mañana me abrasa la piel.

Llueve, y mi paraguas nuevo, flamante, que tanto trabajo me costó tejer, no funciona.

Me he calado hasta los huesos, temblando en la esquina de tu calle, con las ropas pegadas a la piel, tratando de cubrirme a duras penas con unas manos que sólo saben recoger todos y cada uno de los sueños que están cayendo para mí.

Rodeada de gentes que corren envueltos en sus abrigos, con prisas por llegar a un lugar de indiferencia, les observo. Miran al suelo para ver sus hermosos zapatos nuevos brillar con el reflejo de otro sueño de lluvia y corren a resguardarse... no se dan cuenta de que hay charcos en los que chapotear, sin reflejos, en los que nadar, sumergirse... y vivir.

Y les hablo, y trato de explicarles, y les miro, y trato de sonreirles y les escucho, y trato de transmitirles... y fracaso.

Llueven gotas de azul sobre el cristal de un escaparate en el que pasa mi vida, me detengo frente a él, tomo mi tiempo, pero entonces enmudezco, y no me explico, me miro y no trato de sonreirme, no lo entiendo, ¿qué ocurre?.

"Enfoque equivocado"... y es entonces cuando comienzo a comprender.

Así que aquí estoy, en mitad de ninguna parte, dando vueltas, asustada, bañada de lluvia, mirando hacia arriba, esperando que caiga un sueño más, ese que temo, ese que deseo, ese que me acecha, ese que me despierta de todos los demás... ese que ya comieza a abrir mi herida.

Ha salido el sol y me ha sorprendido acurrucada en tu portal, con las manos vacías y mil trozos de ilusión por todas partes.

"Comenzaré a tejer un buen paraguas, esta vez no habrá fisuras, ni jirones, ni dolor... esta vez será invencible".

Y mientras mis dedos se llenan de hilos de dolor para trenzar, un fugaz recuerdo me viene a la mente. Durante un instante, no necesito más, me lleno de energía y me pongo en marcha.

De camino a tu casa la madeja con la que tejía se va deshaciendo. Llamo a tu puerta...

-Hola
-Hola
-¿Me invitas a un café?
-¡Claro!... pero pasa, no te quedes ahí, entra... mmmm parece que se avecina tormenta...