sábado, octubre 21, 2006

Onírica

Dando vueltas por un mundo interior que no conoces, te he descubierto con los ojos cerrados al universo.

Te miro en silencio, observando cada gesto que haces, inconsciente, y me divierte comprobar cómo notas mi presencia sin saber qué ocurre a tu alrededor.

Me has hablado en sueños, en el único lugar donde dejas de lado las maravillas y misterios de la cotidianeidad, donde ya no importa nada más que tu propio interior desplegándose en el vacío.

Tus silencios me cuentan cómo sientes, cómo ves la vida pasar ante tus ojos, cómo muestras una imagen que no es tuya, cómo sobrevives a una guerra incipiente que luchar cada mañana, cuando aún no te has recuperado de las heridas de tu otra guerra, la que ocurre cada noche en la oscuridad de tu cama.

Acerco mis manos a las tuyas, te contacto y un flujo de energía nos atraviesa.

Déjame susurrarte al oido lo maravilloso que es conocerte más allá de tus batallas, derramamientos de sangre, victorias momentáneas y derrotas camufladas.

Ahora sólo falta que mis palabras te resulten conocidas, familiares, que sonrías ante la visión de tu propio ser abandonado al placer de ser amado tal y como eres.

Hora de partir, ¿vienes conmigo?. No, no digas nada, ya sabes que tus silencios hablan por los dos. Aún no ha llegado el momento, estaré preparada cuando llegue... ¿lo estarás tú?

viernes, octubre 20, 2006

Latencias

Asomo la cabeza poco a poco, temerosa.

Miro a un lado, miro al otro... ahora sólo hay silencio, es el momento.

Abro la puerta de par en par, inspiro profundamente, me giro despacio, convencida, segura, firme. Echo un último vistazo al interior, todo parece estar en orden, en el mismo caótico orden en que lo dejé esta mañana.

Trato de memorizar la aparente calma que cubre de polvo esa bomba atómica a punto de estallar. Las llaves están puestas, el botón rojo está apagado. Horror latente.

Y es entonces cuando lo acepto.

Las palabras salen de mis labios sin apenas rozarlos, como si no fuesen mías.

"Ya puedes entrar, estoy desnuda, cansada de luchar y a plena luz. Hoy tienes el poder de destrozarme, te lo he dado yo. Acábame, es una orden."

Hoy quiero rendirme incluso antes de empezar.

Ya empieza a doler, y aún no te has acercado lo suficiente como para oir cómo me llamas cobarde.

domingo, octubre 15, 2006

Luna

Me pregunté dónde iría con su falda hecha jirones, descalza y con una trenza a medio hacer en el pelo.

Sus pequeñas manos rebuscaban algo en el interior de un descosido bolsillo, mientras caminaba desorientada, con el dibujo de unas lágrimas que han surcado las mejillas mil veces... mezcladas de polvo y lluvia.

De pronto, se paró en seco. De su raido bolsillo sacó un pequeño objeto, apenas sobresalía entre sus dedos. Lo miró y la inquietud en la frente dejó paso a la inocencia propia de su edad.

-¿Cómo te llamas? - Le pregunté acercándome levemente a ella, temerosa de ahuyentarla.

- Luna - Respondió sin levantar la vista de aquel secreto objeto que aún cubría con sus manos.

-Hola Luna, tienes un bonito nombre - traté de tranquilizarla - ¿te has perdido?.

-Ya no - dijo levantando la vista - ahora que te he encontrado sé que nunca volverás a dejar que me pierda...¿verdad?

Aquella mirada de ojos enormes rebuscaba entre los pliegues de mi compasión.

- Así es, te ayudaré a encontrar tu hogar - afirmé - ¿qué escondes entre tus manos, pequeña?.

- Cinco años de silencio - respondió - Tú no lo entenderías...

- Puedo intentarlo, ¿me dejas mirar?.

- ¿Mirar?, no necesitas mirar. Sólo dame tu mano y vámonos a casa, hay un alféizar en que sentarnos esta noche a contemplar otros 5 años de silencio.

Se cogió de mi mano y con paso lento nos dirigimos a casa mientras me preguntaba a mí misma... ¿cuándo dejaré de contemplar?, ¿cuándo empezaré a vivir?, ¿cuándo me atreveré a sentir mi corazón perdido?

Oscura cadena

Si yo pudiera perdonarme, si yo supiera, seguramente me mentiría de la forma más cruel para apartarte de mí. Acabaríamos mezclando, uniendo todo aquello que empezamos por separado, un mar de ambigüedades, de cosas por hacer.

Pero no sé perdonarme, nunca quise aprender a hacerlo, también en eso he querido mentirme todos estos años.

Alguna vez, me levanto con el peso de mil horas de angustia, y mis hombros se quiebran, las grietas aparecen y apenas consigo mantenerme en pie. Otras veces, me confío secretos inconfesables, acaricio la frente en el espejo y me sonrío.

Pero no puedo engañarme, aunque lo intente. Si tus destellos no queman mi piel, me quedo en sombras, observando muy de cerca la vida que no he elegido vivir, como aquel animal sediento, atado, que tensa su cadena al máximo hasta quedar a escasos centímetros una fuente fresca en la que saciarse y que cava su propia fosa al intentar alcanzarla, mutilándose, abandonado, impotente, perdido, solo.

Tierra, tierra, más tierra... ahora sé que esta fosa está escarbada con las uñas, con los dientes, con la fuerza que me invento para seguir luchando, día a día, por una gota más de tu perdón, que es el mío.

No hay piedad para aquella que se oculta en mi interior, no hay lugar en que esconderse, no hay luz, ni oscuridad, no hay nada, salvo yo.

Si supieras que sólo nos separa un eslabón triste y oscuro, de miga de pan cuando lo observas, de acero cuando pretendes romperlo.

Y sigo sedienta de tí.

Y sigues a escasos centímetros... de mi libertad.

lunes, octubre 02, 2006

Excoherencias

Voy a llorar despacio, lentamente, sintiendo cada una de las lágrimas forjarse en mi interior.

Voy a sentir tu daga, penetrando suavemente, sin desgarros, seccionando cada fibra de mi piel, ajustándose perfectamente a mi dolor, como si dos fuésemos uno, como si siempre hubiera habido un hueco de metal en que alojarse.

Voy a extender mi angustia por el suelo, para mirarla en su inmensidad, que resulta pequeña y absurda, en la que bailaré con pies descalzos, en la que me desplomaré cuando me hieras.

Voy a susurrarte al oido mi deseo, sutil, para secarme de amor por ti, para mojarte de risa y esperanza.

Voy a guardar mi frío, el azul de mis dedos cuando acarician los labios con los que no te beso.

Y tú no vendrás para arroparme.

Y no estarás cuando te busque.

Y serás amor sin recovecos.

Y te volverás risa sin aliento.

Y todo estará bien.

O mal.

Voy a soñar que me despierto, que nunca te di alas, que ya las poseías.

Voy a despertar mientras me cuento que jamás te enseñé a empuñar un arma que no necesitabas.

Voy a olvidarme de que olvido cuánto amor me das al despertarme.