domingo, marzo 12, 2006

Echo de menos

Echo de menos la tensión, ese cúmulo de adrenalina que ruge por mis venas.
Echo de menos la intriga, el miedo, la pasión en la lucha, el valor ante lo desconocido.
Echo de menos cuando lo imposible se hace posible, cuando la calma es sólo el preludio de la tempestad.
Echo de menos montañas inexpugnables, lagos silenciosos de azul ceferino, frío en la piel, calor en el alma.
Echo de menos las dudas, la carga, el peso de las vidas de tantos y tantos súbditos.
Echo de menos la mentira, la venganza, el cuchillo que calla gargantas que jamás debieron hablar.
Echo de menos la crueldad, la ira, la avaricia, el enemigo siempre acechante, siempre alerta.
Echo de menos noches de pan, queso y vino en la posada.
Echo de menos secretos ocultos a los ojos, visibles al corazón.
Echo de menos lágrimas resbalando por mi cara, cuando miro a los ojos la impotencia de aquella que ve a su compañero flotar río abajo, inerte, sin vida.
Echo de menos el olor a humedad, la niebla, la fina lluvia que cala los huesos. El cuerno lejano que indica que hay que partir.
Echo de menos la hoguera, las historias pasadas que relatan extranjeros que resultan tan cercanos.
Echo de menos el brillo de una espada, el color de una mañana en que huimos, asustados.
Echo de menos el desmayo del que ve iluminarse el cetro de la esperanza.
Echo de menos el tesoro oculto tantos años, tan codiciado, tan perdido, tan manchado de sangre.
Echo de menos el otro lado.
Echo de menos este lado.
Te echo de menos, aunque no lo sepas.